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Marx desde los márgenes: la lectura dusseliana del materialismo histórico frente al eurocentrismo

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Marx desde los márgenes: la lectura dusseliana del materialismo histórico frente al eurocentrismo

Hay pocas operaciones intelectuales más audaces en el pensamiento latinoamericano contemporáneo que la que emprende Enrique Dussel cuando decide sentarse a dialogar con Karl Marx sin rendirle pleitesía. No se trata de un rechazo ni de una simple apropiación. Se trata de algo mucho más exigente: una lectura crítica desde el exterior de Europa, desde esa exterioridad que el propio sistema capitalista ha producido y que Dussel denomina la periferia del sistema-mundo. El resultado es un marxismo descolonial, una reformulación del materialismo histórico que conserva su potencia analítica pero la libera de los grilletes del eurocentrismo.

El Marx que Dussel recupera

Dussel no comienza por el Marx canónico que circuló durante décadas en los partidos comunistas de Occidente y en las academias europeas. Su punto de partida es el Marx de los manuscritos, de los cuadernos de notas, de los textos preparatorios que permanecieron largo tiempo en los márgenes de la discusión teórica. En obras como La producción teórica de Marx (1985) y Hacia un Marx desconocido (1988), Dussel realiza una arqueología del pensamiento marxiano para rescatar las categorías que permiten pensar la explotación no únicamente como fenómeno intraeuropeo, sino como fundamento de una acumulación primitiva que tiene sus raíces en la conquista colonial de América, África y Asia.

Esta recuperación filológica no es un ejercicio académico menor. Al releer los Grundrisse y los cuadernos de Londres, Dussel detecta en el propio Marx un horizonte analítico que sus intérpretes posteriores clausuraron: la posibilidad de pensar el capitalismo como sistema-mundo cuyo centro de gravedad se sitúa en la explotación de las periferias colonizadas. El trabajador europeo que Marx analiza en El Capital no es el único sujeto de la explotación; es, en todo caso, el caso particular de una lógica de extracción que opera a escala planetaria y cuya condición de posibilidad histórica fue el saqueo colonial.

La crítica al eurocentrismo del marxismo ortodoxo

Uno de los aportes más incisivos de Dussel consiste en señalar que el marxismo ortodoxo, al asumir sin cuestionar la narrativa del progreso histórico europeo, reprodujo involuntariamente algunos de los presupuestos del pensamiento que pretendía superar. La idea de que el socialismo era el estadio siguiente de un desarrollo histórico universal —cuya vanguardia era el proletariado industrial europeo— implicaba una teleología que situaba a Europa en el centro del tiempo histórico y relegaba a los pueblos colonizados a una condición de atraso que debían superar siguiendo el mismo camino.

Dussel denuncia esta operación como una forma de colonialidad del saber que pervivió incluso dentro de las tradiciones emancipatorias. El materialismo histórico, tal como fue codificado por la Segunda y la Tercera Internacional, asumía que el capitalismo debía desarrollarse plenamente en las periferias antes de que pudiera surgir allí una posibilidad revolucionaria genuina. Esta lógica etapista no solo postergaba indefinidamente la liberación de los pueblos del Sur Global, sino que los constituía como sujetos políticos incompletos, dependientes de la tutela teórica y organizativa de los partidos europeos.

Exterioridad y trabajo vivo: categorías para una liberación no eurocéntrica

Frente a esta limitación, Dussel introduce en su diálogo con Marx dos categorías fundamentales que permiten reorientar el análisis. La primera es la de exterioridad: aquello que el sistema capitalista ha producido como su afuera, como lo que no puede ser integrado en su lógica de valorización. Los pueblos indígenas, los campesinos sin tierra, las comunidades afrodescendientes de América Latina no son simplemente el proletariado en una fase más atrasada de su constitución; son sujetos cuya vida ha sido negada por el sistema y que, precisamente por esa negación, portan una potencia crítica irreductible.

La segunda categoría es la de trabajo vivo, que Dussel lee en Marx como la fuente de toda riqueza antes de que sea capturada por el capital. El trabajo vivo es la corporalidad del trabajador, su energía vital, su capacidad creadora previa a cualquier relación de explotación. Desde la perspectiva dusseliana, esta categoría adquiere una dimensión ética que va más allá de la economía política: el trabajo vivo de los pueblos colonizados fue el fundamento sobre el cual se construyó la modernidad europea, y su negación es, al mismo tiempo, una negación ontológica y ética que interpela a cualquier proyecto de liberación.

El diálogo con América Latina: Marx en el contexto del Sur

La propuesta dusseliana no es una operación puramente teórica. Tiene consecuencias directas para pensar los movimientos sociales y políticos de América Latina. Cuando Dussel relee el materialismo histórico desde la periferia, está ofreciendo herramientas conceptuales para comprender experiencias que el marxismo ortodoxo no supo articular: las luchas indígenas por la tierra y el territorio, las resistencias comunitarias frente a la minería extractiva, los movimientos campesinos que no se ajustan al modelo del proletariado industrial.

En este sentido, el marxismo descolonial dusseliano dialoga con otras tradiciones del pensamiento crítico latinoamericano: la teología de la liberación, la teoría de la dependencia, el pensamiento de José Carlos Mariátegui, quien ya en los años veinte del siglo pasado había intentado pensar el socialismo desde la realidad andina sin subordinarla a los moldes europeos. Dussel reconoce en estas tradiciones una misma operación intelectual: la apropiación creativa de categorías occidentales al servicio de proyectos emancipatorios propios.

Más allá de Marx, con Marx

La posición de Dussel respecto a Marx puede formularse con precisión: ir más allá de Marx, pero con Marx. Esto significa conservar la crítica de la economía política como instrumento analítico indispensable para comprender el capitalismo global, pero rechazar la clausura eurocéntrica que convirtió al marxismo en una doctrina del progreso occidental exportable al resto del mundo.

Esta operación tiene implicaciones políticas de largo alcance para el pensamiento progresista español y latinoamericano. En un contexto en el que las izquierdas buscan renovar sus marcos teóricos frente a los desafíos del siglo XXI —la crisis ecológica, el extractivismo, el resurgimiento de los nacionalismos— la propuesta dusseliana ofrece una brújula: la emancipación no puede construirse sobre categorías que reproducen, aunque sea inconscientemente, la jerarquía entre el centro y la periferia del sistema-mundo.

El marxismo descolonial de Dussel no es, por tanto, una curiosidad académica reservada a los especialistas en filosofía latinoamericana. Es una intervención política en el debate sobre los fundamentos del pensamiento crítico contemporáneo, una invitación a releer la herencia revolucionaria del siglo XX con ojos que miran desde los márgenes que esa herencia, demasiadas veces, no supo ver.

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